Perdon... Izuku

13.06.2025

La redención del orgullo: "Ese poder debió ser mío…"

Tuvieron que pasar años, batallas, heridas y pérdidas… pero finalmente, llegó el momento.

Fue durante uno de los entrenamientos más intensos. El equipo estaba al límite, y una vez más, Izuku se lanzó al frente para proteger a todos. Bakugo también estaba allí, luchando con todo lo que tenía, y como ya era costumbre, cubrió a Deku sin pensarlo.

Pero esta vez, no terminó con un grito o una explosión.
Terminó con silencio.

Bakugo, con los puños cerrados y la mirada clavada en el suelo, dijo lo impensable:

"Ese poder… debió ser mío."

Y luego, lo más inesperado:

"Fui cruel contigo. Durante años. No porque fueras débil… sino porque yo era débil. Porque sabía que tú tenías algo que yo no. Y me odiaba por eso."

Izuku no respondió de inmediato. Y no porque no supiera qué decir.
Simplemente… no lo necesitaba.
Porque en ese momento, Bakugo no hablaba como el chico explosivo, ni como el rival de siempre.
Hablaba como un amigo. Como alguien que, por fin, se había quitado la armadura del orgullo.

Esa disculpa no borró el pasado. No cambió los años de dolor o las veces que Izuku dudó de sí mismo.
Pero sí sanó algo.
Porque escuchar esas palabras de Bakugo era lo último que Izuku esperaba… y lo único que realmente necesitaba.

Fue el cierre de una etapa.
Y el verdadero inicio de su vínculo como compañeros de batalla.
No como rival y víctima, no como superior e inferior…
Sino como iguales.

Bajo la lluvia: cuando pidió perdón...

Era un día gris.
Las calles estaban cubiertas de lodo, los cielos lloraban sin descanso y el ambiente pesaba. Todo estaba en silencio, menos el alma de Izuku Midoriya.

Él había escapado.

No por cobardía, sino por convicción. Creía que, si se alejaba de todos, si luchaba solo, podría protegerlos del peligro que lo perseguía. Pero en ese intento de sacrificio, terminó más roto que nunca.

Sin embargo, sus amigos no pensaban dejarlo ir.
Y entre todos ellos, el que lideró la búsqueda fue… Bakugo.

Sí. El mismo Bakugo que durante años lo humilló.
El mismo que odiaba mostrar debilidad.
El mismo que odia la lluvia desde niño, porque le recuerda cosas que no sabe poner en palabras.

Pero ese día, no importó el clima. No importó el lodo, ni el cansancio. Bakugo se paró frente a Izuku, empapado, temblando por fuera y por dentro.

Y mirándolo directo a los ojos, hizo lo impensable.

"Lo siento por todo lo que te hice. Por todo lo que dije. Por no entenderte antes."

No había ira en su voz. No había sarcasmo.
Solo verdad.
Una verdad que arrastraba años de dolor, culpa y orgullo mal canalizado.

Ese momento, en medio de la tormenta, no fue solo una disculpa.
Fue un acto de redención.
Porque para alguien como Bakugo, pedir perdón es más difícil que ganar una batalla.
Y sin embargo, lo hizo. Por Izuku. Por él mismo. Por lo que alguna vez destruyó, y ahora intentaba reconstruir.

Izuku, exhausto y cubierto de barro, no respondió con palabras. Solo lo escuchó… y lloró.

No por tristeza.
Sino porque, por primera vez, Bakugo lo vio como lo que siempre fue: su igual, su amigo, su hermano de guerra.

Ese día, la lluvia ya no fue solo un símbolo de tristeza.
Fue la prueba de que incluso el corazón más explosivo puede aprender a sanar.

Algo dentro de Katsuki Bakugo cambió ese día bajo la lluvia.

No fue algo inmediato ni dramático. No se volvió repentinamente dulce, ni comenzó a hablar con palabras suaves. Bakugo sigue siendo Bakugo: impulsivo, rudo, directo. Pero algo en su centro ya no era el mismo.

Después de esa disculpa, dejó de cargar solo con su orgullo.
Ya no necesitaba demostrar que era mejor que los demás.
Ahora quería ser mejor por los demás.

Comenzó a actuar con propósito. Ya no solo explotaba por instinto, sino que analizaba, protegía, cuidaba. En las misiones, se posicionaba donde podía cubrir a su equipo, no solo atacar. En los entrenamientos, daba consejos reales, incluso a quienes antes ignoraba.

Y con Izuku…
Con Izuku se volvió algo más que un rival. Se volvió su compañero.

Lo vemos luchar a su lado como igual, confiarle su espalda, pelear sin necesidad de competir.
Incluso empieza a llamarlo Deku ya no como insulto, sino como un nombre que respeta.

Pero quizá lo más importante es esto:

Bakugo aprendió a perdonarse a sí mismo.

Durante años cargó con una culpa silenciosa: la caída de All Might, el sufrimiento de Deku, la imagen distorsionada de lo que creía que debía ser un héroe. Pero tras ese día lluvioso, se permitió aceptar que todos fallan, que todos sangran, y que el verdadero héroe no es quien nunca cae, sino quien sabe levantarse diferente.

Desde ese momento, Bakugo no lucha solo por ser el número uno.
Lucha para que nadie más tenga que pasar por lo que él e Izuku vivieron.

Y eso lo convirtió en algo más valioso que el más fuerte:
lo convirtió en un verdadero héroe.

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